miércoles 26 de noviembre de 2008

Complejidad y experiencia de uso

La complejidad, como la energía, no se crea ni se destruye, simplemente se traslada. enunciaba Larry Tesler. Es decir, hay procesos en los que solamente podremos definir quién se hará cargo de la complejidad, si el usuario o el sistema.

Un ejemplo es la identificación de un usuario en un cajero automático. Esta complejidad del proceso se suele trasladar al usuario que es quien debe identificarse a través de su PIN. Otros sistemas como la identificación a través de la mirada trasladan esa complejidad al sistema que es quien se encargará de identificar al sujeto.

Trasladando la complejidad al usuario

Trasladar la complejidad al usuario en principio aparece como una opción contraproducente, pero es posible transformando esa complejidad en una experiencia de uso.

El ejemplo de Apple:

En muchos reproductores de mp3 basta con arrastrar y soltar los archivos de audio en el reproductor. Sin embargo usar un Ipod es más complicado ya que requiere conocer Itunes, manejar una biblioteca y sincronizar contenidos.

La diferencia es que en el caso de Ipod, la complejidad del proceso, es decir la organización de los archivos, en vez de estar en manos del sistema está en manos del usuario que es quien disfruta creando listas de música, recopilaciones, añadiendo información y organizando su música.

Muchas veces la complejidad no es en si el problema, sino más bien la forma en que se presenta esta complejidad al usuario. Sin duda Apple redefinió el proceso dándole una vuelta a todo lo que se estaba haciendo hasta entonces.